El tiburón duende

Vía Maikelnai´s blog me he topado con un video y una breve reseña acerca del tiburón duende.

La criatura del video es un tiburón duende (Mitsukurina owstoni), y vive a profundidades comprendidas entre los 100 y los 1000 metros. Recibe su nombre del japonés, quienes lo llamaron así en referencia a una criatura mitológica de larga nariz, el Tengu.

Lo más fascinante de esta criatura es sin duda su mandíbula retraíble a lo Alien, que parece saltar de su boca para capturar su presa – algo común en la mayoría de los peces teleósteos (esqueleto parcial o totalmente osificado) y en los calamares, según uno de los pocos estudios realizados al respecto, y publicado en la revista Ichthyological Research en 2007.

Los tiburones duende no viven únicamente en aguas niponas, también se les ha visto en Nueva Zelanda, el Pacífico norte, el Golfo de México, Surinam, Francia, Portugal y otros lugares. Los avistamientos son raros, consecuencia algunas veces de las redes de pesca, pero la Unión Mundial para la Conservación de la Natruraleza no lo considera en peligro de extinción.

Tristemente, el espécimen del video murió poco después de ser capturado y ubicado en una cámara de presión.

Visto en New Scientist (autora: Catherine Brahic)

Las abejas aprenden a comunicarse

Vía Microsiervos me encuentro con un artículo muy curioso.

Como es bien sabido las simpáticas abejas utilizan sus «bailes» y movimientos para indicar las distancias a sus objetivos, pero al parecer según las diferentes especies de abejas (hay nueve en todo el planeta) lo hacen de un modo u otro.

En un experimento las abejas europeas indicaban con un baile que el alimento estaba a unos 400 metros, mientras que esos movimientos en el «dialecto» de las asiáticas equivaldrían a unos 600; abejas de una especie mezcladas con las otras quedaban algo confundidas.

Lo interesante fue que al cabo de un tiempo de haber mantenido a las abejas juntas, aprendieron a comunicrse entre ellas, confirmándose así que las abejas también pueden «aprender idiomas».

Todo esto de los experimentos con abejas es realmente apasionante, sobre todo porque es difícil de imaginar cómo se llevan a cabo. Creo recordar que en alguno de los libros de Richard Dawkins se explicaban con detalle cómo se diseñan, cómo se seleccionan y marcan las abejas y cómo se hacen pruebas para entender cuáles de sus rasgos son genéticos y cuáles aprendidos durante su vida. La historia de cómo se ha descubierto el «cómo funciona» su peculiar lenguaje de movimientos de orientación es apasionante.

Fuente: microsiervos