Nostalghia – Andrei Tarkovsky (Mother Mother)

“Nostalghia – Andrei Tarkovsky (Mother Mother) “

Share



Gepe – “Hebra Prima”


Gepe – “Hebra Prima”

Share



El último enemigo

El primer enemigo | El segundo enemigo | El tercer enemigo | El último enemigo

El último enemigo

‑ [...] El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tro­pezará con su último enemigo: ¡la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyen­tar por un instante.

Este es el tiempo en que un hombre ya no tiene miedos, ya no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo su poder está bajo control, pero también el tiempo en el que siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por ente­ro a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido el último asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento.

Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por esos momentos en que logra ahuyentar al último enemigo, el enemigo invencible. Esos momentos de claridad, poder y conoci­miento son suficientes. -

Las enseñanzas de Don Juan (Carlos Castaneda)

Share



El tercer enemigo

El primer enemigo | El segundo enemigo | El tercer enemigo | El último enemigo

Poder

‑ [...] Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión. No será solamente un punto delante de sus ojos. Ése será el verdadero poder.

“Sabrá entonces que el poder tanto tiempo perseguido es suyo por fin. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tro­pezado con su tercer enemigo: ¡el poder!

“El poder es el más fuerte de todos los enemigos. Y natu­ralmente, lo más fácil es rendirse; después de todo, el hombre es de veras invencible. Él manda; empieza toman­do riesgos calculados y termina haciendo reglas, porque es el amo del poder.

“Un hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, habrá sin duda perdido la batalla. Su enemigo lo habrá transfor­mado en un hombre cruel, caprichoso.”

‑¿Perderá su poder?

-No, nunca perderá su claridad ni su poder.

-¿Entonces qué lo distinguirá de un hombre de conoci­miento?

‑Un hombre vencido por el poder muere sin saber real­mente cómo manejarlo. El poder es sólo un carga sobre su destino. Un hombre así no tiene dominio de si mismo, ni puede decir cómo ni cuándo usar su poder.

‑La derrota a manos de cualquiera de estos enemigos ¿es definitiva?

‑Claro que es definitiva. Cuando uno de estos enemigos vence a un hombre, no hay nada que hacer.

‑¿Es posible, por ejemplo, que el hombre vencido por el poder vea su error y se corrija?

‑No. Una vez que un hombre se rinde, está acabado.

‑¿Pero si el poder lo ciega temporalmente y luego él lo rechaza?

‑Eso quiere decir que la batalla sigue. Quiere decir que todavía está tratando de volverse hombre de conocimiento. Un hombre está vencido sólo cuando ya no hace la lucha y se abandona.

‑Pero entonces, don Juan, es posible que un hombre se abandone al miedo durante años, pero finalmente lo conquiste,

‑No, eso no es cierto. Si se rinde al miedo nunca lo conquistará, porque se asustará de aprender y no volverá a hacer la prueba. Pero si trata de aprender durante años, en medio de su miedo, terminará conquistándolo porque nunca se habrá abandonado a él en realidad.

‑¿Cómo puede vencer a su tercer enemigo, don Juan?

‑Tiene que desafiarlo, con toda intención. Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es nunca suyo en verdad. Debe tenerse a raya a todas horas, manejando con tiento, y con fe todo lo que ha aprendido. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo. [...] -

Las enseñanzas de Don Juan (Carlos Castaneda)

Share



“Espantapájaros” – El Lado Oscuro del Corazón


“El Lado Oscuro del Corazón”

Share



El segundo enemigo

El primer enemigo | El segundo enemigo | El tercer enemigo | El último enemigo

Claridad

‑ [...] Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto,

“Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la clari­dad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega.

“Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, porque todo lo que ve lo ve con claridad. Y tiene valor porque tiene claridad, y no se detiene en nada porque tiene clari­dad. Pero todo eso es un error; es como si viera algo claro peto incompleto. Si el hombre se rinde a esa ilusión. de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender. Se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debería apurarse. Y tonteará con el apren­dizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más.

‑¿Qué pasa con un hombre derrotado en esa forma, don Juan? ¿Muere en consecuencia?

-No, no muere. Su segundo enemigo nomás ha parado en seco sus intentos de hacerse hombre de conocimiento; en vez de eso, el hombre puede volverse un guerrero impetuo­so, o un payaso. Pero la claridad que tan caro ha pagado no volverá a transformarse en oscuridad y miedo. Será claro mientras viva, pero ya no aprenderá ni ansiará nada.

‑Pero ¿qué tiene que hacer para evitar la derrota?

-Debe hacer lo que hizo con el miedo: debe desafiar su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión. No será solamente un punto delante de sus ojos. Ése será el verdadero poder [...] -

Las enseñanzas de Don Juan (Carlos Castaneda)

Share



El primer enemigo

El primer enemigo | El segundo enemigo | El tercer enemigo | El último enemigo

fear

- En nuestras conversaciones, don Juan usaba a menudo la frase “hombre de conocimiento”, o se refería a ella, pero nunca explicaba qué quería decir. Inquirí al respecto.

‑Un hombre de conocimiento es alguien que ha seguido de verdad las penurias de aprender –dijo-. Un hombre que, sin apuro, sin vacilación ha ido lo más lejos que puede en desenredar los secretos del poder y el conocimiento.

‑¿Puede cualquiera ser un hombre de conocimiento?

-No, no cualquiera,

-¿Entonces qué debe hacer un hombre para volverse hombre de conocimiento?

-Debe desafiar y vencer a sus cuatro enemigos naturales.

-¿Será un hombre de conocimiento tras derrotar a estos cuatro enemigos?

‑Si. Un hombre puede llamarse hombre de conocimiento sólo si es capaz de vencer a los cuatro.

-Entonces, ¿puede cualquiera que venza a estos enemi­gos ser un hombre de conocimiento?

‑Todo el que los venza se convierte en un hombre de conocimiento.

‑¿Pero hay requisitos especiales que un hombre debe cumplir antes de luchar con estos enemigos?

‑No hay requisitos. Cualquiera puede tratar de llegar a ser hombre de conocimiento; muy pocos llegan a serlo, pero eso es natural. Los enemigos que un hombre encuentra en el camino para llegar a ser un hombre de conocimiento son de veras formidables, de verdad poderosos; y la ma­yoría, pues, se pierde.

‑¿Qué clase de enemigos son, don Juan.

Se negó a hablar de los enemigos. Dijo que pasaría largo tiempo antes de que el tema tuviera algún sentido para mí. Traté de mantener vivo ese tema, y le pregunté si pen­saba que yo podía volverme hombre de conocimiento. Dijo que nadie podía decir eso de seguro. Pero yo insistí en preguntar si había algunas pistas que él pudiera usar para determinar si yo tenía o no oportunidad de convertirme en un hombre de conocimiento. Dijo que dependería de mi batalla contra los cuatro enemigos ‑de si podía yo vencer­los o salía vencido‑ pero que era imposible predecir el resultado de esa lucha.

Le pregunté si podía usar brujería o adivinación para ver el desenlace de la batalla. Dijo terminantemente que los resultados de la contienda no podían anticiparse por nin­gún medio, porque volverse hombre de conocimiento era cosa temporal. Cuando le pedí explicar este punto, replicó:

‑Ser hombre de conocimiento no tiene permanencia. Uno no es nunca en realidad un hombre de conocimiento. Más bien, uno se hace hombre de conocimiento por un ins­tante muy corto, después de vencer a las cuatro enemigos naturales.

‑Debe usted decirme, don Juan, qué clase de enemigos son.

No respondió. Insistí de nuevo, pero él abandonó el tema y se puso a hablar de otra cosa.

Cuando me disponía a partir, decidí preguntarle una vez más por los enemigos de un hombre de conocimiento. Aduje que no podría regresar en algún tiempo y serla buena idea escribir lo que él dijese y meditar en ello mien­tras estaba fuera.

Titubeó un rato, pero luego comenzó a hablar.

‑Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es deficiente; su inten­ción es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender.

“Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos se dan de topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y así se comienza a tener miedo. El conoci­miento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla.

“Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡el miedo! Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando, esperando. Y si el hombre, aterra­do en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda.”

‑¿Qué le pasa al hombre si corre por miedo?

‑Nada le pasa, sólo que jamás aprenderá. Nunca llega­rá a ser hombre de conocimiento. Llegará a ser un ma­leante, o un cobarde cualquiera, un hombre inofensivo, asus­tado; de cualquier modo, será un hombre vencido. Su primer enemigo habrá puesto fin a sus ansias.

‑¿Y qué puede hacer para superar el miedo?

‑La respuesta es muy sencilla. No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente, y el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no debe detenerse. ¡Esa es la regla! Y llega un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de si. Su propósito se fortalece. Aprender no es ya una tarea ate­rradora.

“Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su primer enemigo na­tural.”

‑¿Ocurre de golpe, don Juan, o poco a poco?

‑Ocurre poco a poco, y sin embargo el miedo se con­quista rápido y de repente.

‑¿Pero no volverá el hombre a tener miedo si algo nuevo le pasa?

‑No. Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto … -

Las enseñanzas de Don Juan (Carlos Castaneda)

Share



Pearl Jam – Black

Pearl Jam – Black”

Share



Los días me viven

miloba
Los días me viven

Mañana puede que termine el mundo, algo escuché hace ya unos meses atrás pero como soy un despistao reacciono con retraso. Alguien me preguntó entonces que haría si tuviese la certeza de que el mañana fuera un punto y final. Lo tuve bastante claro, escribir una carta, el destino eras tú.

A mi querida desconocida,

Comenzaría preguntando donde te encuentro, pero es que tampoco estoy muy seguro de donde me hallo y como vamos mal de tiempo casi mejor que lo dejamos para otro rato.

Esto te va a resultar un tanto extraño: te siento cerca a sabiendas de que te tengo lejos, lo sé, te lo suelto así de primeras y claro, ya te tengo desconfiando, pues que sepas que te lo digo en serio, te siento muy dentro, como si tuvieses raíces en mi pensamiento. No estoy seguro de si me llamas o si te busco pero es una putada el no dejar de sentirte. No te lo voy a negar, he intentado arrancarte, de todos los modos posibles, hasta urgando en mi carne, como si de una astilla se tratase, así que sé que no tengo opción ninguna, te sueño sin soñarte.

Podría hablarte del color de mi sonrisa o del sabor de una mirada, decirte que soy aquel que siempre ha estado y nunca has visto, convencerte de que vivo en un sueño y que es condición soñarme para vivirme. Pero no lo voy a hacer porque sé que hay palabras que solo adquieren verdadero significado cuando se viven. Es más, puedo asegurarte que todavía te reservo algunas, la más importante, la más peligrosa. Compañera.

Ya ves que le doy vueltas a las cosas, no tengo remedio, es una necesidad, nace de esta desmedida curiosidad. No es que lo piense mucho, es más como un instinto que me lanza de cabeza a lo profundo, ¿cómo estar seguro del color del negro si no te ha devorado?
No conozco otro modo de tocarte, voy a tientas, pero no te creas, también acumulo pistas: ya sé que me cautivas por tu lengua afilada, que es de esas espontáneas, inquietas, que te hablan con sinceridad, de las que siempre comparten y te iluminan la sonrisa. De las que nunca callan y te hablan sin hablar. También sé que tratas con justicia las palabras que pronuncias, sobre todo las que te quitan el aliento. ¡Ah y seguro que eres un completo desastre! No te preocupes que yo soy igual, así la improvisación está asegurada. Y el ser torpona te vuelve imprevisible, con eso la sorpresa queda eternidada. Esponjita que todo lo toca, que todo lo absorbe.

Tengo que decírtelo, a veces me siento como si estuviese fragmentado, como si algunas partes de mí hubiesen crecido, sin esperar al resto, por separado. Creo que en algún momento de mi vida di tantas vueltas que me perdí esa etapa en la que se adquiere la visión de uno mismo a través del sesgo social, tal vez por eso conservo parte de esa ingenuidad honesta, infantil, que de alguna manera me mantiene inconforme con el engaño intencional. Tantos frentes y tantos mundos, supongo que a tí te habrá tocado vivir lo tuyo y que andarás en labor similar, reuniendo los pedazos, encontrando los sin sentidos. Quizá sea eso lo que me lleve a pensar que una rosa sin espinas no tiene aroma. Y es que hay olores que penetran la coraza que envuelve mi mundo. Sé que cada espina oculta una herida abierta, profunda, sensible, de esas que te llenan de colores el alma. Y claro, hago reacción, y no puedo evitar pincharme, y es entender ese dolor, lo que me hace apreciar tu carácter, y al final sangras, y la sangre que fluye, de ambos lados, y comienza a mezclarse.

No quiero que creas que te tengo idealizada, no espero que seas la más bella ni la más lista, ni tan siquiera la más torpe, lo único que yo espero es que seas tú y no quieras conformarte con menos, yo te quiero entera, con la miga y la corteza. Y es que soy así con todo, mis elecciones son vitalicias, si acepto a alguien, es para siempre, porque aceptar radica en querer conocer a la otra persona, y respetar que es así, sin pretender cambiarla ni dominarla.

Mi mayor virtud es mi mayor defecto, conmigo no hay mitades, soy un todo, el completo o la nada. Normalmente me toman por romántico, ¡qué le voy a hacer!, me han llamado de todo, pero no, esto te va a sonar raro, soy un realista pasional. Tengo los pies bien plantados en la tierra, cada palabra que pronuncio es un hecho, cada paso que doy es en firme. Llamo a las cosas por su nombre, no me gustan los malentendidos, duele sí, pero es que no puedo ser de otro modo. La mentira lo único que logra es hacer perder el tiempo tanto al engañado como al que se engaña y yo estimo en mucho mis segundos, y por consiguiente también los de los demás. Quiero saber que lo que vivo es real. Tengo el corazón demasiado grande y late demasiado deprisa, esto es algo a lo que uno nunca se acostumbra. Necesito ponerle pasión a todo lo que hago, sino me duermo. No soy posesivo. Necesito que respeten mi espacio, es algo que yo hago. No tengo muebles. No pido imposibles, solo lo que estoy dispuesto a dar. Soy un loco cuerdo que prefiere la esencia a la forma. No me agradan para nada las formalidades, en el mejor de los casos me confunden, en el resto me precipitan al desinterés, lo siento, la estética social no es lo mío, la hipocresía está muy sobrevalorada.

He sacado en claro que la fuerza no llega de la nada, que somos débiles y que hay que transformar el miedo en hechos tocables. Prefiero caminar por realidades doloras que adentrarme en grises consentidos. Del amor poco puedo contarte, yo necesito tocar las palabras para enamorarme. Cuando el beso se hace verso me convierto en una fuerza de la naturaleza, sobrepaso cualquier límite invisible. El silencio es un fuego que te consume o te despierta. De mi vida saco que ser curioso es peligroso, que rodearse de muchos te desgasta poco a poco y te asimila en el sistema, que nosotros no elegimos, hemos sido elegidos, adoctrinados, conducidos. Que portamos mucho lastre adherido, que nos pesa y nos hace cómplices, partícipes parciales de esta farsa. Que tenemos miedo de no saber nombrar lo que no existe, lo que está por llegar. Que resulta sencillo confundirse en un sucedáneo cuando no se ha tocado con el corazón. Que uno se acaba conformando con lo que pasa y deja de pensar en lo que no pasa. Que acabamos creyendo más en lo que nos dicen que en lo que sentimos.

Me encanta reír, siempre que tengo ocasión doy rienda suelta a la sonrisa, ya sea la mía o la de otro, no puede faltarme, me marchito, aunque a veces es necesario marchitarse para despertar. Pese a que logro dar la vuelta a cualquier situación me he dado cuenta de que no es suficiente. Quiero que mi risa me sirva para vivir y no para huir de esta realidad que me aprisiona.

Si todavía sigues leyendo tengo que advertirte, soy difícil de tratar y es muy fácil malinterpretarme. Por regla general no necesito hablar para captar el estado de una persona, me viene de fábrica, conecto al instante, con algunos lo logro evitar pero con otros me resulta imposible. La empatía está muy pero que muy sobrevalorada, para mí es una maldición que te adentra en el otro sin permiso, y en este mundo de tristeza ya te puedes imaginar que pocas alegrías se comparten.
Como no necesito hablar, y casi siempre ando en mi mundo, muchos se lo toman como falta de interés y algunos hasta piensan que soy un poco autista. En general les resulta extraño mi trato inicial, sobre todo a las mujeres que no están acostumbradas a esa “falta de atención”. ¡No veas como se ponen! Esto es algo que no puedo evitar, si no me chinchan, acabo de vuelta en mi mundo y el tiempo pasa y pasa sin darme cuenta. La que lo entiende no queda indiferente y sabe donde encontrarme.

Algunas veces me acuesto con ganas de todo y me levanto sin ganas de nada.
¿Y que más te cuento? Que yo soy de los que prefiere escuchar y mira todo lo que te he soltado. Supongo que ya te habrás hecho una idea.

Voy con algo más reciente, menudo año en general y menudo mes en concreto.
Últimamente he andado rozando el límite, llevo ya tres bombillas en lo que va de mes, que me gusta verlas explotar, pero que luego tengo que barrerlas, eso sí, las de bajo consumo parece que solo se quedan negras.
Hace bastante que no me encontraba en este estado, la última vez se fue la luz de un hospital, y ya no te hablo de los supermercados, suena muy peliculero, ¿verdad? Yo no suelo hacer mucho caso a esos asuntos pero son tan misteriosos … Ahora bien, cuando tengo una decisión importante, siempre existen chispazos que me inclinan la balanza, ¿que no te lo crees? Pues te lo comento, por ejemplo: hace ya años estuve buscando piso, ya llevaba lo menos treinta visitados cuando me dí un calambrazo con la puerta, ya te digo que no le doy más importancia de la que merece, pero resultó que es el piso en el que vivo, y para más inri el número de la calle y la altura dan la fecha de mi cumpleaños, manda cojones, ni me dí cuenta hasta que llegó la primera factura … Niní-niní-ni-ní… tirirí-rirírí … Me ocurre con un montón de cosas, es mi ayudita extrasensorial, por ejemplo, cuando conozco a alguien, alguien que va a ser importante, pos toma, calambrazo al instante, ¡pero literal eh!, aunque sin chispas … Desde luego no es lo habitual, tal vez me tragué de pequeño una pila, recuerdo haberme quedao enganchao en un enchufe, durante unos segundos, en clase de tecnología, vete tú a saber, la verdad es que hay unos cuantos sucesos del mismo palo, yo me lo tomo como humor absurdo, eso sí, inconscientemente he desarrollado tendencia a llevar guantes. Lo último que he frito ha sido un fogón de la vitro pero no veas que espectáculo, tenía un brillo lava emergiendo del sol. Por cierto, ya estoy mejor, tampoco era cuestión de preocuparte. Desde ahora las bombillas las compro donde los chinos …

Hoy la luna está llena, saldré a contemplarte entre las estrellas, sería muy interesante andarte en esta nuestra primera y última noche pero ya sabes, esas cosas son para tratarlas de cerca y tampoco es cuestión asustarte. Aunque me da que si eso ocurriese la pasaríamos sin poder dejar de hablar hasta que el fin del mundo nos llegase.

Y ya vale tanto cascar de mí, que parece que me estoy vendiendo y hasta me suena un pelín infantil.

Al final lo del apocalípsis me lo he pasado un poco por el forro … supongo que se debe a que mantengo la esperanza de encontrarte. En el mejor de los casos siempre te sentiré ya sea de cerca o de lejos y en el peor ya nos habremos pasado de largo, ya lo sabes, soy muy torpe y me despisto en seguida, si me has visto, no te cortes, no te olvides de chíncharme. Siempre hay tiempo, tal vez no para lo que creémos, pero sí para lo que está por llegar.

Si no eres tú, corre la voz, si alguien la conoce que le diga de mi parte, que la estoy buscando, que deje ya de perderse a solas, que mejor será perdernos juntos.

Share



The Beatles – Don’t Let Me Down

“The Beatles – Don’t Let Me Down “

Share